Alrededor de la hoguera
Hay noches en que la luna tiene una sonrisa cómplice y hoy ha sido una de esas.
Todo empezó en una sala vacía que se fue llenando de palabras. Fue como una esas cenas a las que te invitan con grandes expectativas. En esta ocasión el menú era ella. Una de esas personas que nunca te dejan indiferente. Y allí en esa sala imaginaria, en esa sierra de la Córdoba argentina donde se bebe mate alrededor de la lumbre, nos obsequió con un "aquelarre" de placer. Una pócima de palabras encadenadas que encendieron las brasas de nuestros corazones. Y tiramos las serbibragas, las sojas, nos metimos en los jardines que cuida la "jardinerita", nos denudamos hasta las botas, nos fundimos en un abrazo colectivo y ñic ñic sacó su martillo para que la música de sus golpecitos nos hiciera vibrar de tal manera que hasta las pequitas fueron a parar a la marmita como estimulante placer en el brebaje. Y ante la mirada complaciente de esa luna de plata que está, aunque no la mires, en cualquier lugar, se fueron coloreando no solo nuestras sonrisas, también nuestras almas. Y bailamos alrededor de la hoguera con el combustible de la amistad, el deseo, las risas y el maravilloso relato que ella, ente el color del acero y sus palabras, inundó la noche como si todas fuéramos pétalos de un misma rosa.
A veces, en este mundo virtual, hay maravillas imposibles de describir, porque no necesario.
Una noche imperdible donde faltaron algunas de esas "brujas" a las que echamos mucho de menos.
(Dedicado a las chicas del "aquelarre").
