Agobiada por su trabajo aquel día, cometió una pequeña infracción. Inexperta y nunca expuesta a circunstancias similares, cuando le dieron el alto los nervios hicieron su aparición. Cuando vio acercarse al agente, su punto de vista, algo más bajo, hizo que sus ojos se centraran en la apretada parte de su uniforme. Entonces le embargó otro tipo de nervios. Alto y bien parecido, con su corte de pelo militar, su uniforme verde oliva, sus botas altas, sus gafas y sobre todo sus ajustadas mallas, sin duda una o dos tallas menos, no era alguien que pasara inadvertido. Conozco a una amiga a la que alguien así, le convierte en objeto de deseo. El policía la saludó marcialmente llevando su mano a la gorra. Ella volvió la cabeza y a la altura de sus ojos encontró la entrepierna del agente. No había duda de que estaba bien armado.
—Buenos días agente…
Inclinado sobre ella, a la altura de su ventanilla; observó su precioso escote que mostraba unos turgentes pechos. Mientras, mi amiga, solo pensaba que la talla de sus mallas no podrían contener el armamento.
—Documentación por favor…
Sacó despacio sus papeles y se los entregó. El policía a la vez que los examinaba, amparado por sus gafas de espejo, no dejaba de mirar su excitante escote… con sus pezones empezando a marcarse a través de su camiseta.
—Le falta el recibo de pago del seguro.
—No es obligatorio agente.
—Sí, en su caso es necesario.
Con el cristal ahora bajado, sus atributos estaban a la altura de su cara.
—Tendré que multarle señorita, baje del coche por favor
Mi amiga acercó su mano a la puerta con ademán de abrirla y disimuladamente rozó su entrepierna. Al ver que no solo no se retiró, sino que se acercó aún más, sus dedos, sin pudor, recorrieron todo su enorme bulto. Notó como crecía bajo ellos y no tardó en percibir la humedad fruto de su insistencia. El guardia, sin quitarse las gafas y sin decir una sola palabra, estrujó entre sus manos temblorosas la denuncia y la dejó caer a sus pies, a la vez que unas gotas de sudor resbalaban por su frente…
—Gracias agente, sabía que tenía razón, no todo es obligatorio y, por cierto… su arma no es reglamentaria.
Mi amiga dice que se quedó unos minutos en el coche, sentada y excitada, cerró las piernas y pensó en su amante para que le llevará hasta el fin…..
Es curioso como funciona nuestro cerebro…al recoger un simple papel arrugado…del suelo
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