La chica de las botas de gato
Fue por casualidad. Aquel día salió de casa a comer a uno de sus restaurantes favoritos, un pequeño local de comida japonesa y. Nada más no, no iba con nadie. Digamos que s había tomado su "día libre". Le gustaba hacerlo así, Crear expectación. Nada más llegar le pidió a la chica de sala que le gustaría sentarse en una de esas mesas típicas, donde hay que hacerlo con las piernas cruzadas, vamos, como en el suelo. Adoptó una postura que dejaba ver la distancia entre sus botas de gato y el borde de su falda. Así con la mirada puesta en a puerta de entrada, fue consumiendo uno tras otro los nigiris de pez limón, atún toro, salmón...
Le gustaba ser observada, crear la ilusión de que quizá estuviera esperando a alguien, o a ti. Los hombres la miraban con disimulo y las mujeres...puede que con envidio o deseo. El pequeño restaurante le hacía sentir en familia, pero tenía un pequeño inconveniente, no servían café. Algo que según le dijo la preciosa chica, con sus sonrientes ojos oblicuos, evitaba que los turno de comida se alargaran. Así que pagó y salió presurosa con el café y el piti rondando su cabeza.. Se puso las gafas de sol para proteger sus ojos claros y empezó a recorrer deprisa la acera izquierda de Gran Vía. Tenía ganas de cafeína y de fumar, pero tabaco no tenía. Al fondo, sobre la plaza de Callao, el mítico anuncio de Schweppes hizo que levantara la vista y claro, sucedió. El golpe no fue para matarse, pero si para girarse y mirar a quien casi le hace saltar las gafas por los aires...
-Perdón ...-Le dijo-
-¡Anda! pero si son como las mías.
-No serán las botas.. -dijo la chica muerta de risa.
-No, no, las gafas -le contestó bajándolas para verla mejor.
-¡Tenemos el mismo gusto en gafas! quiero decir.
-Sí, y vamos igual de ciegas, jajaja, que golpe más tonto. Por cierto ¿no tendrás un piti -Preguntó con carita de circunstancias.
-Si claro -dijo sonriendo y mirando primero a sus ojos y después a sus botas-. Te quedan de cine, jajajaj
-¿Las gafas?
-Nooo, las botas...
-Jajaja, venga, me das un piti y te invito a un café, busquemos una terraza.
La gente pasaba delante de las dos y las miraba con curiosidad, no "pegaban" nada, excepto en que las gafas eran iguales. La tarde la pasaron entre risas, cafés y pitis. Pensó que Madrid le sentaba muy bien y que estando con ella era diferente. Una chica pelirroja, con pecas, pasó silbando a su lado...
-¡Mira como se lo pasan! -le dijo a su compañera- a ver si aprendes...
-¿A silbar?
La chica de las botas de gato se inclinó sobre la mesa y acercó su cara a la de ella y le dijo...
¿No te gustaría que le contáramos las pequitas?
La chica pelirroja, tan atenta, volvió la cabeza y con esa forma de decir que solo ella posee comentó...
-Pero...pero...ains! ...me gustan más rojas...
Y así pudo ser aquel día que no fue, en este universo. En algún lugar, en otra dimensión, seguro que si.
-
-
u según
