MUJER INVISIBLE
Todo lo que puedas imaginar es posible

JOPELINES

La pradera. Ese mundo diminuto.
Si miras desde arriba, o en la distancia, un mundo monocolor se extiende ante ti. Pero, si te acercas, si caminas entre las briznas de hierba, la fascinación te embarga.
Un día caminaba esquivando los verdes tallos, era primavera y en esa época es difícil abrirse paso. Seguí la senda de las hormigas rojas hasta el montículo de semillas acumulados a la entrada del hormiguero y me refugié del sol bajo el trébol de cuatro hojas. Si, ya sé que pensaréis que no existe, pero si, aproximadamente uno de cada diez mil tiene cuatro. Observé las pequeñas flores púrpuras y los zumbones abejorros tornasolados acariciando los pistilos con la delicadeza de la luz de una vela. Que envidia "jopetas", si pudiera volar para verla. "Jolines" me dijo la hormiga ¿No recuerdas cuando te piqué?. La tienes ahí mismo y no la ves. Sólo tú puedes hacerlo. Y me señaló con sus antenas el camino hasta tus piernas.
Tumbada boca abajo, con las piernas cruzadas y los ojos fijos en la pantalla, la preciosa Jopelines sonreía con cara de wassap. Armada de valor, escalando el vuelo de su corta falda, conseguí balancearme en un bucle de su pelo hasta aterrizar con torpeza sobre la pantalla de su móvil.
—Jopetas!! -exclamó, con tanta dulzura, que casi se paró el tiempo-. "Bichito malo",... susurró, acercando sus labios en posición de hacerme desaparecer de un soplido....
No pude resistirme y desaprovechar esa oportunidad. Salté decidida y la picadura en su tierno y sugerente labio inferior causó efecto inmediato.
Ahora podía verla entera. En todo su esplendor. No estaba equivocada. Las flores de su falda se reflejaron de inmediato en las verdes hierbas, los rizos de su pelo me acariciaron la espalda, e incluso soporté esa patadita de amenaza.
—Jolines, jopetas, yo no quería que pasara...
—ya, Jopelines, pero, a veces, eres irresistible.
—¿y ahora qué? - dijo Jopelines con ese timbre de voz, que parece acariciarte.
Arrepentida por la travesura, Jongi, puso todo su ardor, de nuevo, en esos labios con sabor extra lunar y desapareció por la cara oculta de su nuca.
Jopelines, retiró su pelo dorado, paso su mano por el bronceado cuello y suspiró...
Uff que calor.!!!!
Desde la cremallera del vestido, entre los pliegues de su espalda, Jongi, sonreía.