Piel de Otoño.
La luz se acuesta más temprano y el sol se ha puesto gafas. Los ocres de increíbles tonos, van arrinconando a los verdes. En nuestros ojos ya no hay olas o montañas. El verano se va despidiendo de nosotros con pereza, con cierta melancolía, como un amor de verano que se termina.
Yo también estoy de vuelta. Las dos mejores cosas de las vacaciones, es cuando te vas... y cuando vuelves. Entre esas dos fechas puede haber surgido el amor, el desamor, momentos maravillosos mirando el atardecer u otros en los que todo era negrura, sin horizonte. Es un tiempo que parece un regalo, dependiendo de la compañía, de tus sentimientos o de tu estado emocional. Yo cuando escribo necesito emocionarme, que cada letra sea como un latido de mi corazón. La vida sin emoción y sin recuerdos....no la concibo. Es como no haber vivido. Admiro a los escritores y escritoras capaces de montarnos en un globo y sobrevolar Machu-Pichu. Yo, dentro de mis limitaciones, lo intento. Es un placer difícil de explicar. Pensar que alguien cuando te lee se emociona.
Fue un otoño, un mes de octubre como otro cualquiera. Sentada y aburrida, casi invisible, miró los irregulares espacios iluminados por la luz del atardecer que se filtraba por su ventana. No había sido un verano para recordar. Encendió el ordenador y entró a una sala de chat. Ella no tenía experiencia y fue de un lugar a otro...y donde menos lo esperaba, un nick llamó su atención. Tan tímida ella, pinchó y se limitó a decir "hola que tal". Escribía con corrección, sin abreviaturas, por lo tanto no era una jovencita. Pasaron los meses y como dos quinceañeras quedaban cada sábado para chatear. Era como la tormenta perfecta. Hasta que un día escucharon su voz, se enseñaron trocitos de su vestido invisible, se volvieron locas, se escribieron mil poemas, se imaginaron...y un día, por fin, se encontraron. Disimularon, se escondieron, y ella le encontró un lunar desconocido. Hicieron cosas que nunca habían hecho, reírse como locas...como aquel día que gritaba tanto...que le dijo...nos van a oír todos... "ya estarán acostumbrados" dijo...sin parar. O como aquel otro que se leyeron los poemas la una a la otra, en la cama. Les encanta jugar con las palabras y son capaces de decirse de todo, sin decir nada. Sin que nadie se entere.
Un día, entre sus brazos, vio como caían sus lágrimas. ¿Por qué lloras le preguntó? De felicidad. Ese día supo lo que es el amor. No ha visto llorar a nadie más. Solo a ella. Y ahí siguen, hasta siempre.
La vuelta de ese verano fue lo mejor. Encontrarla.
Tengo cosas para subir y lo haré enseguida. Y también novedades muy recientes...
Volvemos para ponernos nuestra ropa más bonita de otoño. ¡Besitos!