EL MUNDO EN LOS DEDOS Aquel día, por casualidad, fue diferente. A pesar de su edad, se manejaba muy bien en estos nuevos mundos. De repente, como una estrella fugaz, cruzando la pantalla, con un brillo cegador, apareció ella y todo fue diferente. Al igual que en la realidad, en estos otros mundos cuesta distinguir la verdad de la mentira. Pero, por alguna razón desconocida, como si pudiera sentir su voz, acariciar su piel, sentir su mirada o imaginar como se va desnudando poco a poco, aquella mujer parecía vivir en un mundo dentro de otros mundos…y se dejó llevar entre sus brazos, atada a las órdenes de su boca, excitada y sumisa hasta esos lugares de placer que habitan nuestras mentes. Formas de deseo, de pasión, lujuria, perversiones y todo tipo de roles con los que sueñan los que no los conocen. Y la besó, la usó, la folló….y también le hizo el amor. Nunca había pensado que pudiera llegar tan lejos, liberar esos instintos que casi todos tenemos y sentirse diferente. Porque Ella, era diferente. Era como un entrelazamiento cuántico, una fusión nuclear, una explosión de supernova, que deseaba que no acabara nunca. Y se fue a su casa, a su cama, a exhibirse por la ventana, a complacer y complacerse mutuamente. Así, el tiempo pareció detenerse, el mundo real se volvió borroso, las imágenes empezaron a sobreponerse y sucedió lo que no quería que sucediera. De puta y zorra, pasaron a usar “cariño”, “amor” “cielo” y algunos “te quiero”. A veces, podía ver su cara de mimosa dominante y otras la salvaje expresión del placer más inmenso. Ella, solo ella, la había convertido en la mujer más deseada de todos los chats. Eso fue un halago, claro que sí. Hasta que un día le dijo que sería su novia. Entonces, en ese momento, por un milisegundo, se sintieron las dos estrellas más felices del universo. Brillaban juntas, follando en una nube de sexo y deseo. Eran, casi, una sola. Demasiado parecidas, demasiado felices, demasiado placer compartido… Un día, uno de esos días cuando estaban a solas. Mary la miró a los ojos, tenían un brillo especial, cristalinos, húmedos, profundos como su sexo. La beso en los labios con delicadeza, le acarició su precioso cuerpo y apoyó su cabeza sobre su hombro. Un relámpago atravesó sus cabezas, una flecha con punta de corazón y una frase que no quería que saliera de sus bocas. No podía aceptar que se hubieran enamorado. Era imposible. Desde ese instante supo que algo rompería sus corazones. Adiós Gaby -escribió en el teclado- mojado de emoción y rabia, y regresó a ese otro mundo donde un trocito de su pecho llevaba tatuado su nombre para siempre. Pensó que le gustaría, y también que le haría un daño inmenso, una herida que lamer para que cicatrice hasta dejar una marca imborrable. Después borró su nick del chat para siempre. Mary solo sería suya. Echaría de menos a Perry, a Marta, a Lucía a la sin par Paula y a muchos personajes que habitan estos mundos. Pero ella ya no estaría, su nombre se extinguiría como se extingue el fuego de una hoguera. Quedarían rescoldos, claro que sí, y los mantendría como un tesoro en el fondo de su alma, hasta que el tiempo y la enorme presión que solo una estrella es capaz de ejercer, los convierta en diamantes. A veces le decía que era suya, bueno casi siempre. Y Marina le insistía: dímelo otra vez. Algo que más que una orden, era para complacerla. Sabía que eso me hacía feliz. Le costaba mantener una relación que no deseaba. Porque en el fondo la quería más allá de su dependencia. Sin embargo, el no hacerlo, sabía que hería su deseo de ser usada, de pertenencia, su razón de ser.
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