MUJER INVISIBLE
Todo lo que puedas imaginar es posible

HEROÍNAS. Ximena Blázquez, conquista los primeros derechos de las mujeres.


Ávila, finales del verano de 1108. Un repiqueteo de cascos inunda la mañana. 


Las tropas cruzan la puerta del Alcázar y se dirigen hacia el puerto de Menga. Al frente está el Alcalde de la ciudad, Fernan López Trillo con todos los hombres en edad de luchar. Sus informantes sitúan a las tropas del caudillo musulmán, Abdallá Alhazen, dependiente del califa de Córdoba, camino de Ávila y, Fernan, decide combatirlos en situación de ventaja desde el alto del puerto. La ciudad queda gobernada por su esposa Ximena Blázquez y defendida por un pequeño retén de soldados.
Las murallas de Ávila, en aquel entonces, eran consideradas inexpugnables. Era necesario un gran asedio o un despiste de sus defensores, para conseguir rendir la ciudad. Abdallá, un caudillo astuto y buen estratega, había conseguido que la guarnición castellana saliera de las murallas y se dirigiera a contener al contingente de musulmanes, cuyo único fin, era la distracción. Abdallá, mientras tanto, se encaminó a la ciudad por una ruta distinta, confiando en encontrarla indefensa y conquistarla.
Al ser informada por sus avanzados de la cercanía del ejército de Abdallá a la ciudad, Ximena, haciendo gala de liderazgo y valentía, ideó y ejecutó un plan de defensa de las murallas. Rápidamente convocó a todas las mujeres de la ciudad, los niños mayores, los hombres que quedaban y la pequeña guarnición a sus órdenes. Mandó que las mujeres se vistieron con ropa de sus maridos, novios o abuelos y así, ataviadas con yelmos que ocultaban sus cabelleras, petos, cotas, calzas y las armas que tenían en casa, se confabularon para simular una gran fuerza dispuesta a hacer frente a la morería.
Ximena mando ocupar todo el perímetro de la muralla, cerrar todas las puertas, levar los puentes y encender hogueras, teas y antorchas; proveer de piedras y aceite hirviendo los matacanes y que cada cual, con los instrumentos a su alcance, tambores y cornetas, se dispusieran a realizar el mayor ruido posible.
Así, cuando el caudillo Abdallá, llegó a las llanuras del este, la parte más accesible de la muralla, fue recibido con gran estruendo. Desde el adarve los "guerreros" agitaban las antorchas, proferían gritos y los tambores atronaban. Abdallá se apostó a los pies de la ciudad. Esa noche sin luna, los pocos combatientes profesionales que quedaban, amparados en la oscuridad, se infiltraron en el campamento musulmán causando el terror entre los moriscos y regresando de nuevo al abrigo de las murallas.
Perplejos, confundidos y asustados, los musulmanes desistieron de asaltar la ciudad y marcharon hacia Talavera.

Cuando Fernan regresó con sus caballeros, todos reconocieron a Ximena su valentía y liderazgo y a todos los habitantes su lealtad al Rey de Castilla. A partir de entonces, Ximena, sus descendientes y las mujeres abulenses, tendrían el privilegio de participar en el Concejo donde se toman las decisiones que gobiernan la ciudad.


Azulejo de la defensa de la ciudad que representa la provincia de Ávila en la Plaza de España en Sevilla