MUJER INVISIBLE
Todo lo que puedas imaginar es posible

El tren

La noche, oscura y calurosa, sería larga. Desde muy niña había deseado realizar aquel viaje hacía oriente, quizá influenciada por las novelas de Agtha Cristie. Ahora después de tantos años, sola y sin ataduras, había llegado el momento. El monótono tacatrá sobre las vías, las imágenes que se sucedían a través de la ventanilla y el viento que acariciaba su pelo, ocupaban sus pensamientos. El antiguo vagón disponía de los departamentos a lo largo de un estrecho pasillo, tal y como había imaginado. Apenas podían cruzarse dos personas a la vez. Laura vio la silueta reflejada en el cristal y eso hizo que desviara la vista del oscuro paisaje. Su pelo corto y su forma de andar como si no existiera nadie más que ella, la hacían sumamente atractiva. No pudo evitar mirarla al acercarse. El aire entraba y movía su blusa, enmarcando sus pechos. A esas horas los pocos pasajeros duermen. Piensa en que la aventura es una opción, pero es mujer contra mujer, algo que no parece posible que suceda por casualidad.  

Laura espera hipnotizada hasta que la mujer intenta sobrepasar su posición. En tan poco espacio es inevitable sentir como ella roza su culo y tampoco hace nada por evitarlo, es más que un deseo, es un acto voluntario, una provocación. La bella mujer se disculpa...

      

          -Perdona...

          -No hay por qué, es prominente, lo entiendo -dice Laura sonriendo-

          -No está mal no...No me estarías esperando, jajaja

          -Me gusta viajar sola pero siempre es bienvenida una bonita compañía

          -Uy, ¿no serás una de esas chicas malas?

          -Depende de a que llames "chica mala", a veces me gusta serlo. ¿No estarás pensando en castigarme?....


 Sentí tu mano entre mis piernas igual que tus palabras. El calor de la noche lo había convertido en fuego. —Ven a mi departamento, estoy sola. —¡No! Aquí! ahora…. La débil luz de las luces de emergencia y la posibilidad de que nos vieran me volvía loca. Mis manos se deslizaron bajo tu corta falda….no llevabas nada, sólo tu suave piel…. Te apreté fuerte… —Así que has sido una chica mala… Subí la ropa hasta la cintura. Mientras te apretaba contra mi, mi otra mano azotaba tu culo desnudo. —Así puta…¿te gusta sentirte una chica mala? —Si…vamos, castígame! —¡Pon las manos sobre el cristal zorra! Desnuda, con el viento en la cara y esperando el castigo…cuando mi dedos acariciaron tu coño estabas totalmente mojada…. —Ummm esta mojada mi zorra… —Mucho….contigo es fácil! Llevaba conmigo una práctica mochila. Dentro, entre otras cosas, un cinturón de cuero que use para atar tus manos. Así te conduje hasta el departamento. —Vamos entra, dejaremos la puerta abierta. Los asientos son de madera, es un tren de carbón que recorre la tundra mongola. En las curvas cerradas puede verse la columna de humo de su chimenea. Ahora, contigo, el paisaje es aún más bello. La luz débil e intermitente ilumina tu figura casi desnuda y siento tu piel sudorosa sobre mis rodillas, puedo oler tu deseo esperando el palmeo de mi mano en tu culo, que empieza a enrojecer. —Tendrás que esperar cada silbido del tren y no siempre. Mientras tanto, mis dedos te proporcionan el placer que precede al dolor.  Tu no puedes verlo, pero a través de la puerta abierta dos hombres de ojos oblicuos y una mujer europea nos observan. Ella parece, por su forma de vestir, culta y de buena posición y ellos sus sirvientes. Igual que tú, su vestido es demasiado provocativo para estos lares. Ahora, atada al portaequipajes superior -una simple red de cuerdas- tus pechos lucían como dos faros en la noche. Los dos hombres sujetaban cada una de tus piernas, lo más abiertas posible.  La atractiva mujer sacó de su bolso unas esposas y me las ofreció con las manos a la espalda. —Pónmelas, ellos harán lo que les digas. Mientras desabrochaba su vestido, miraba tus ojos de deseo. Se colocó delante de ti rozando tus pechos con los suyos, ambas de pie, frente a frente. —No digas nada, solo observa. Los dos hombres seguían inmóviles. Tus piernas también. Con mi cinturón até los dos cuerpos como si fuesen uno, tan juntos que vuestros labios casi podían rozarse.  Uno de sus sirvientes llevaba un rústico bolso colgado. —Dame eso… Corté el cuero de la bandolera y lo doble por la mitad. Luego, cubrí los ojos de la extranjera con su pañuelo. —Comenzaremos el juego. Tendrás que averiguar quien te azota y quedará eliminado. ¿De acuerdo? —Si, vamos empieza…. —Decidme vuestros nombres —Zhiyou… —Wang… Detrás de ti mis dedos entre tus piernas extendían tu flujo por el clítoris y tu culo. El primer golpe de Wang cruzó el culo de la extranjera y rozó tus caderas. Su movimiento golpeó su pelvis contra tu coño y sus pezones erectos se clavaron en tu pecho… —…Zhiyou! —No… La marca cruzaba sus nalgas casi hasta la espalda. Sus piernas apenas podían sostenerla si no fuera por estar atada a ti. Acaricie tu espalda suavemente hasta tu culo y cuando Wang, de nuevo descargó su latigazo, mi mano azotó tu culo ahogando el grito de la extranjera. Ahora fui yo, quien, con el cuero en una mano, hice restallar el látigo en el aire. El silbido hizo que su cuerpo se estremeciera, pero fue mi mano la que golpeó de nuevo tus nalgas al mismo tiempo que Zhiyou lo hacia con la extranjera. El golpe os unió aún más y las dos bocas buscaron las lenguas ansiosas. Parecía no importarles el castigo. Después del primer sentimiento de dolor la dopamina invade el cerebro y recompensa la excitación causada por la adrenalina. Cuando ella averiguó el nombre de los dos sirvientes os desaté.  Le quité la venda de los ojos y puesta en los tuyos se hizo la oscuridad en tu mente. —Túmbate aquí, sobre la madera. Podías sentir las irregularidades de las tablas en tu espalda. Deje que pasaran unos minutos, que tu imaginación te excitara a la espera. Silencio total. Solo el tracatrá de las ruedas y la respiración agitada. Podía ver cómo tu corazón elevaba tu pecho, cómo tus pezones rojos y erectos cobraban vida. Dos fuertes manos sujetaban de nuevo tus piernas y algo húmedo empezaba a recorrer tu cuello poco a poco. Sobre la madera un líquido suave y gelatinoso resbalaba desde tu sexo… Quizá…la noche se hiciera demasiado larga.


(Continuará)