Mañana es Navidad
A veces, cuando mis pies recorren las calles de Madrid, voy pensando en lo que sucede ahí abajo. En ese otro mundo oculto a las tiendas de lujo, los grandes edificios que enmarcan la Gran Vía y las gentes que transitan por sus aceras.
Turistas de cámara en ristre, carteristas al acecho y muchachas que nos dejamos ver entre paso y pasa. Miro algún escaparate de indecentes precios y el reflejo de mi otra cara, esa que me observa sin sentimientos, como las luces navideñas que esperan que algo pase, que la luz se esconda para ser las protagonistas.
Debajo de Madrid, bajando por las bocas de sus cuevas, los gusanos metálicos perforan la ciudad, como si se tratara de una fruta madura. La galerías se llenan de seres que vienen y van, unos recostados contra la pared, otros colgados de una barra de acero, que, como un vomito, se esparcen sobre el andén; como queriendo ocupar el mayor espacio posible. Al fondo, sentado y con una pequeño perrito a su lado, hay una casa: dos cajas de cartón, una manta y un hatillo por ajuar. No tiene cara de Navidad, más bien diría yo, no tiene cara. Es invisible. Tan invisible como el escaparate de Cartier, decenas de metros más arriba. El gusano metálico se detiene y todos pasan junto a esa casa de cartón, como quien rodea un charco para no mojarse los pies. Y así, gusano tras gusano, una mano se extiende desde la puerta de ese hogar invisible. El perrito no ladra, no hay nada que defender.
Dentro, mientas e gusano se abre paso por su rede de túneles, hay otro mundo: ejecutivos venidos a menos que aún conservan su Rolex, ojos que aún no han despertado y otros que aún no han dormido. También muchas bolsas inútiles, que pretender ser diferentes, colgados de manos enjoyadas, exhibiendo su marca. Hay zapatos de tacón alto intentando elevar su estatus y humildes zapatillas de andar por la casa de otros.
Al fondo de una de las secciones del gusano, pegado sobre la pared, unos ojos con letras observan. Es el fragmento de un poema:
"Yo no sé lo que busco eternamente/en la tierra, yo no se lo que busco en el aire y en el cielo/yo no sé lo que busco; pero es algo/que perdí no se cuando y que no encuentro/aun cuando sueñe que invisible habita/entodo cuanto toco y cuanto veo..."
A su lado, dos chicas de la mano leen. Su dedo recorre las líneas. La otra mira.
El hombre de la casa de cartón vuelve a extender su mano más allá del muro invisible.
El peso del libro sobre su mano le hace esbozar una sonrisa.
Es Navidad
