MUJER INVISIBLE
Todo lo que puedas imaginar es posible

De Urano

 

No recordaba cómo sucedió. Quizá fuera una de esas tardes plomizas de octubre, o tal vez una mañana soleada de primavera. Al fin y al cabo, podría ser cualquier momento que ella fuera capaz de imaginar. Era capaz de sentir las gotas de lluvia repicando en el alféizar de su ventana, cuando tan solo era el sonido de las teclas de su máquina de escribir. A veces, cuando pasaba de renglón, era como saltar el pequeño arroyo al que se cayó en su infancia. Si, usaba una vieja máquina de escribir Olivetti Lexicon80, a pesar de tener un Mac de última generación. Cuando alguien le preguntaba la razón, su respuesta no dejaba indiferente. Decía que escribir así, golpeando las teclas con ritmo, le hacía visualizar el relato. Era como sentir cada paso, cada sonrisa, cada beso, el calor del sol y la luz de la luna. Con el ordenador no tenía esa sensación.
Ese día, miró su vieja Olivetti y su precioso Mac. Parecían una pareja separada por decenas de años. Como dos amantes que jamás se hubieran encontrado, al vivir en épocas diferentes. Cuando se encerraba en su pequeño despacho, las paredes desaparecían, la luz lo inundaba todo y las imágenes se sucedían. Podía ser una selva de Borneo o una playa paradisíaca... Una noche estrellada o un cielo caribeño. Era su mundo, un lugar donde todo es posible. Un espacio donde dejar que esos dos amantes separados se encontrarán. Ella podía hacer esos milagros. Algo tenía que nada era capaz de borrarla de cualquier historia. Mucho peor, a veces pensaba que sin ella, no hay historia. Es como ahora  ¿que sería de estos cientos de letras sin mencionarla?
Ya ha pasado mucho tiempo desde la primera vez. Mi precioso Mac me miraba y Olivetti se moría de envidia. Aunque sabía que mis dedos a ella le acarician de forma diferente. Olivetti miraba como se sucedían las palabras en la pantalla, rápidas, silenciosas... Pero lo que peor llevaba es cuando observaba como, por arte de magia, aparecían palabras que yo no había escrito. Ella no podía hacer eso y pensaba en el placer que debía sentir Mac...¡Que envidia!
Da igual cuando fue, en ese momento, imaginó como sería. Le puso cara y cuerpo, incluso voz, la vio sentada frente a su viejo ordenador, observó su sonrisa y algunas veces hasta sus lágrimas, no de risa, que también. A veces le hacía mucha gracia su actitud defensiva, como si tuviera el escudo de Capitana América o vestida con una cota de malla cual Juana de Arco. Así fue como Mac y Olivetti empezaron a conocerse: la chica hablaba con Mac y yo escribía nuestras historias acariciando a Olivetti, que estaba feliz. Cada vez me costaba menos, pues Olivetti era capaz casi de leer mis pensamientos. Incluso pensé que sería capaz de escribir sin tocarla. Su amor por Mac iba más allá de su modernidad. Desde que apareció aquella chica en su pantalla, había decidido que ambas serían una. Hasta que un día, justo cuando iba a escribir esta historia, posé mis dedos sobre la preciosa Olivetti y sin hacer nada, ella me guíó: "de dónde es", me preguntó....
Es verdad que lo pensé un segundo, incluso dos, y escribí ES DE URANO. Mi vieja máquina, me hizo un punto y aparte, me guiñó un ojo... Y con su tinta roja me ató las manos con la soja. Puse su bonita tapa verde y la deposité en la estantería, junto a las demás cosas de otra época
FIN