MUJER INVISIBLE
Todo lo que puedas imaginar es posible

Una noche en Madrid



Había pasado tiempo, un tiempo lento, como perezoso, horas de 100 minutos y días que abrazaban unos a otros. Miles de palabras compartidas y noches de placer inmenso. Muchas veces todo se detenía, como si ambas flotarán sobre la espuma de una ola. Otras todo era vértigo y la montaña rusa de sentimientos les llevaba hasta el cielo y más allá. Se habían conocido en el chat y desde el primer día, a ella, le gustó. A veces suceden cosas inexplicables y ese día una conjunción estelar, como un río que llevará todos los sentimientos hasta sus corazones, pasó . 


Ella no era de conciertos, y en todo caso si alguna vez iba era por alguna razón muy especial. Salas pequeñas en buena compañía. Aquel día, sin embargo, por no se sabe qué, al pasar por delante del WizinCenter se quedó observando a la multitud que esperaba para entrar y un recuerdo inundó sus pensamientos. Seguro que a ella le hubiera gustado ir juntas alguna vez a alguno de sus conciertos. Y de pronto, como si no hubiera pasado el tiempo, la vio. Le dio un vuelco el corazón y ganas de llamarla a gritos. Y se acordó de las veces que había compartido fantasías una fila más arriba, juntas, escuchando como latían sus corazones. Una lágrima de emoción, salada como el agua de mar que tanto le gusta, se deslizó hasta la comisura de sus labios. Nunca se habían visto en persona y ambas sabían que lo mejor era no verse o el sunami que provocarían seria de consecuencias inimaginables.


No puedo evitarlo y sin darse cuenta, apareció MujerInvisible para tomar el control. Aceleró el paso y sin pensarlo dos veces, cuando estaba a su lado le dio un golpecito en su hombro..


—Holaaa... Ella se dió la vuelta y el beso tantas veces soñado no le dio tiempo a decir nada. 


—Pero....¡pero bueno! —exclamó al separar sus bocas — 


—Perdón... Para ya te lo había dicho muchas veces, jajajaja...—dijo Invisible muerta de risa. 


—Mira que eres ¡eh! ¿Qué haces tú aquí? 


—Ha sido una casualidad, ¡te invito a cenar! 


—Que morro tienes, no has cambiado nada.


—Ni tu tampoco, sigues igual de guapa e igual de deseable, jajaja —Invisible cogió sus dos manos y la beso en la boca cariñosamente— 


—Para... Jajaja, que me pones nerviosa 


—¿Solo nerviosa? 


—Estás fatal y me vas a hacer perder la cabeza ... No se si cenar es buena idea.... Mejor un café ¿no? 


—Eso después.... Jajaja 


—Pero...¡Será posible! Es que no paras... 


—Pero si no he parado antes... Como voy a parar ahora —le dijo agarrándola de la cintura y pegándola a su cuerpo— Además te voy a llevar a un sitio donde nunca has estado. 


—Pero si no te he dicho que si.... 


—Ni falta que hace. Te recojo después del concierto aquí en la puerta —Invisible le guiño un ojo con su mejor sonrisa, y se marchó sin más. 


A las diez de la noche llegó a la puerta en un Uber. Se había vestido para la ocasión: un top negro, pantalón negro ajustado, su cazadora de cuero azul cobalto, sus botines y un pañuelo de seda estampado en tonos ocres, verdes y azules. —Tampoco es cuestión de desentonar— pensó. Cuando vio que la gente salía, se bajó del coche y le dijo al conductor que esperara. Decidida como nunca se instaló frente a la puerta y nada más verla, sin decir nada, le cogió de la mano.... 


—¡Pero donde me llevas! 


—Tú calla y ven.... Le abrió la puerta y dejó que pasara primero. Después se sentó a su lado y le dijo al conductor... 


—A Villa Verbena, Casa de Campo, junto al lago. 


—Sabes —le dijo, casi como un susurro—, un día dijiste que nunca habías cenado a la luz de las velas 


—Es verdad, nunca lo he hecho 


—Pues hoy lo vas a hacer conmigo —Invisible la miro a los ojos y vio como se iluminaban.


—Ains...—dijo ella con esa carita que tantas veces había imaginado. Invisible la beso de nuevo con delicadeza, mientras su mano acariciaba sus piernas. 


—¡Pero quieres parar, jajajaja! 


—jajajaja 


—Te va a gustar. No es un mar, pero tiene agua...¡y velas! y contigo será aún más bonito. 


—Ay que cosas me dices.... 


La noche de Madrid en verano es calurosa, el verde del entorno relajante, el lago te hace sentir en otro mundo y la calidez de las velas iluminaba sus caras como nunca. Invisible la observaba embelesada... 


—No me mires así... 


—Te he mirado mil veces, pero nunca como ahora 


—¡Estás más loca de lo que creía! 


—Por ti... El camarero llegó con un plato de jamón ibérico y preguntó 


—¿Lo pongo en el centro? 


—No, es para ella, a ver si con esto la conquisto —el hombre, atribulado, sonrió— Invisible cogió con sus dedos un trocito y se lo acercó a su boca. 


—A ver esa boquita... 


—¡Que sé comer sola! 


—Eso ya lo veremos, jajajaja 


Las velas se derretían casi al mismo tiempo que todas las murallas que habían creado entre ellas. Las risas se sucedían y sus ojos se fueron convirtiendo en cera ardiente. Terminada la cena, Invisible llamó al camarero:


—Dos cafés, uno ardiendo, el otro normal, ya pongo yo los besos. 


—Jajaja, es que no puedo contigo... 


Invisible se levantó y se inclinó sobre ella por encima de la mesa ofreciéndole sus labios. El hombre se retiró haciendo gestos y moviendo la cabeza, como diciendo ¡vaya dos! 


Ambas se sentaron con su café mirando el agua el calma. 


—Podría haber sido en esa playa que tanto te gusta, pero esto es lo que puedo ofrecerte. Es todo lo que tengo. 


Cogió una vela y la sujetó junto a sus manos diciendo... 


—Sopla y pide un deseo. 


La noche las envolvió abrazadas mientras la luna bailaba sobre las aguas. 


Todo lo que sucedió después, está censurado.