Antonio Carvajal (Albolote, 1943)
Es doctor en Filología Románica y miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada. Perteneciente a la denominada Generación del 70, cuenta en su haber con el Premio Andalucía de la Crítica, el Premio de la Crítica de Poesía en castellano, Premio Villa de Madrid y Francisco de Quevedo de Poesía. Actualmente, está considerado como uno de los grandes nombres de la actual poesía española contemporánea y autor de una caudalosa obra poética en la que destacan obras como Tigres en el jardín (1968), Serenata y navaja(1973), Después que me miraste (1984), Los pasos evocados (2004) y Pequeña patria huida (2011)..
Galardonado con el Premio Nacional de Poesía, este granadino hay sentimientos que expresa como nadie, o, quizá, es un percepción influenciada por cada particular estado de ánimo, pero... para eso es la poesía... ¿o no?, He aquí un ejemplo:
Dame, dame la noche
Dame, dame la noche del desnudo
para hundir mi mejilla en ese valle,
para que el corazón no salte, y calle:
hazme entregado, reposado y mudo.
Dame, dame la aurora, rompe el nudo
con que ligué mis rosas a tu talle,
para que el corazón salte y estalle:
hazme violento, bullidor y rudo.
Dame, dame la siesta de tu boca,
dame la tarde de tu piel, tu pelo:
sé lecho, sé volcán, sé desvarío.
Que toda plenitud me sepa a poca,
como a la estrella es poco todo el cielo,
como la mar es poca para el río.
Pasión
Con estos mismos labios que ha de comer la tierra,
te beso limpiamente los mínimos cabellos
que hacen anillos de ébano, minúsculos y bellos,
en tu cuello, lo mismo que el pinar en la sierra.
Te muerdo con los dientes, te hiero en esta guerra
de amor en que enloquezco. Sangras. Y pongo sellos
a las heridas tibias, con besos, besos....Ellos
que han de quedar comidos, mordidos por la tierra.
Tal ímpetu me come las entrañas, que sorbo
tu carne palmo a palmo, cerco de llama el sexo,
te devoro a caricias, y a besos, y a mordiscos.
Ni la muerte, ni el ansia, ni el tiempo son estorbo.
El abrazo es lo mismo si cóncavo o convexo,
y yo soy un cordero que trisca en tus apriscos.
Muérdeme
Muérdeme el talón de Aquiles,
Que no pueda huir de tus brazos,
Ni levantar un muro de niebla.
Muérdeme, que no lo sienta,
Que sueñe que fue un beso.
Muérdeme, en el alma de papel y tinta,
Entre punto y coma, sin paréntesis,
Con guion, punto y gemido.
Muérdeme la pena y la suerte,
Y deja que decida con cuál tenerte.
Todo es posible
Se acabó la vía y el último brillos de luciérnagas
No hay más días vendados
y se escapa convergente
el año nacido entre plagas
Al otro lado del túnel,
pintado con dos lunas
crece la hierba dulce
con sabor amargo
Truenan las bocas que añoran besos
Cuelgan los equipajes de los pelos
y los caminos se enredan
buscando consuelo
Huele a nieve granizada de menta
a piel de ojos en un nido de cigüeñas
Hay labios sin censura
para pescar primaveras
Tengo un lunar con mascarilla,
un lipstick de habitación oscura
y una blusa encarcelada
tiene prisa por ganar el día
y miedo la noche larga
se desea cuando arden las palabras
Pintan bastos en la hoguera
entre ascuas que nos queman
humo de golondrinas de cristal,
ríos de lava en mis venas y un latido de sueños
cabalgando corceles de hierro
Se acabó la vía muerta,
otro andén recorre mi cabeza,
Tengo la estación en mi pecho,
la luna en tus ojos y la pasión...
en un nido de cigüeñas.
El año corto, el cielo azul, el destino...
Cualquier lugar de tu universo
Una noche de San Juan, me invitaron a un precioso recital de poesía en un pueblecito de Navarra. La luna tímidamente escondida tras las nubes algodonosas, el vino esperando dar color a las palabras y el público, generoso, lanzando sus ojos al viento mientras las virtuosas manos del maestro Taboada, acarician la piel negra y blanca del piano, hasta convertirla en los latidos de un pueblo. Esta fue mi humilde aportación a una noche mágica, una verdad que han sufrido muchas mujeres:
Un monstruo del que huir
No escondas tu cuchillo en mi cuerpo
Ni tu ira en mi cerebro
No me digas que me quieres,
porque me matas, cuando estoy guapa
Ni con quién voy si no es contigo
Ni porque duermo fuera de casa
No me borres las palabras con reproches y terrores
Ni quiero que decores mi cuerpo con tus colores
No me cambies la razón por la locura
Que no tengo la culpa de tu culpa
No me quites la luz, ni el resplandor de la luna
No quiero temer al monstruo que habita tu mente oscura
Deja el horror en la puerta, cámbialo por caricias y amor sin locura
Quiéreme o déjame, pero déjame viva.