MUJER INVISIBLE
Todo lo que puedas imaginar es posible

Tacones indiscretos

 


Cuando el sol le miraba, sus ojos se derretían buscando la sombra de las piernas infinitas. Elegantes, con pasos de tango, sentadas sobre si mismas; insolentes, dóricas, como alas al viento, blancas como la luna, independientes, de pago y paseo apasionado. Algunas son adivinas, como aquellas que saben que las deseas, o esas otras, que conocen con seguridad el lugar de la visita. No siempre tienen dueño, algunas transitan en busca de uno, que las ate con suaves caricias.
Si tienes suerte, mucha suerte, encuentras, como le pasó a ella, las más bonitas: Del color perfecto, de largo sin dobladillo, vestidas de seda, sobre sandalias con dedos...inquietas, en una habitación sin vistas.
Las hay que hablan de toros, de fútbol, de artistas. Que leen a Rimbaud o, simplemente, cuentos de misas.
Átame a las columnas de tus piernas, -le dijo- y seré esclava del lugar que elijas.
La chica de las piernas inquietas,  caminaba apartando el aire a su paso, borrando la existencia del tiempo, flotando en un fotón, a la velocidad justa, hasta ser alcanzada por un beso.
Así, esperó a que la descubriera, un otoño,  bajo las hojas marchitas.
(La chica del rincón del extintor)