Perdidos en el fondo de su mente
Todo empezó como esa gota de lluvia inesperada. Con esa sensación que te hace mirar al cielo, buscando el origen de la tormenta. Pero no, ha sido solo una pequeña nube negra que avisa a su paso.
Al día siguiente, se levantó, dejó que el agua cayera como una catarata sobre su pelo ralo, se secó y miró por la ventana. El día era soleado y una ligera brisa azotaba las hojas, aún tiernas, casi recién nacidas, del árbol que plantó hace años.
Por última vez, sus ojos recorrieron las cuatro paredes del aula. Su mirada se perdió en el vacío y sólo le quedó el dibujo de las manos infantiles, en su adiós definitivo.
El despertador biológico le abrió los ojos a las siete de la mañana. Puso los pies en el suelo instintivamente y el frío mármol le devolvió a la realidad. ¿Para qué tan pronto...?
No tenía nada que hacer. El autobús saldría sin él, nadie le echaría en falta. Su mente en blanco buscó y buscó alguna satisfacción entre todos los recuerdos. Pero eran eso: recuerdos. Una parte de su existencia se había perdido en los rincones más escondidos de sus neuronas. Es verdad que tenía otras actividades; su guitarra, sus clases de yoga... Ese libro que quería escribir... Pero sólo era algo que ocupaba de forma inconsciente aquellos tiempos libres. En realidad era una obligación que se había impuesto a si mismo. Era una lucha contra el temor a que otros pensamientos hicieran su aparición.
Ahora tenía otro problema: todo el tiempo del mundo a su disposición. ¿Qué iba a hacer durante horas y horas? ¿Qué fue de aquellos tiempos felices y no tanto? ¿Se habría terminado todo? Y miró al frente con la mirada perdida buscando el horizonte...pero no lo veía. Era como si el cielo se hubiera desplomado sobre su cabeza aplastándolo todo.
Y llegó el momento tan temido. Se detuvo en un lugar de su inconsciencia inmóvil, como un viejo reloj al que nadie da cuerda.
(Dedicado a Emocional y a todas esas personas que se encuentran perdidas y a las que nadie entiende)